Mirar es fácil con los ojos abiertos

La próxima vez que te ates los cordones, fíjate bien en lo que estás haciendo. O mejor dicho, lo que hacen tus manos mientras tú tratas de recordar todas las cosas que tienes que comprar en el supermercado. Te darás cuenta de que atarse los cordones no es fácil en absoluto. De hecho, si intentas entender bien cómo lo haces, te lleva un rato. Y si intentas explicárselo a alguien, lo que haces es atártelos tú a su lado y le dices: “¿ves? haces así y luego así”. Una gran explicación.

Esto mismo pasa con cientos de tareas que hacemos todos los días (el ejemplo que se suele poner es el de conducir). Con todas ellas nos pasa que no sabríamos bien cómo explicarlas, sólo las hacemos. Cada uno de nosotros podría dar decenas de ejemplos, pero es curioso que ninguno nombraría una de las tareas más sencillas, una que el 99.9% de nosotros hace y que además es una de las que mejor hacemos: ver. El motivo es que no la entendemos como una tarea, es tan básica, tan inherente a nosotros mismos, que ver es… ver, ¿no? No me imagino a nadie explicándole a otro “¿ves? haces así y luego así” moviendo los ojos para los lados…

Hemos hablado ya muchas veces de la inmensa tarea que lleva a cabo nuestro cerebro mientras nosotros le buscamos la pareja a nuestro calcetín en el cajón. Ver es tan difícil que nuestro cerebro dedica el 50% del espacio que tiene a hacerlo. Pero, como una imagen vale más que mil palabras (por aquello de que somos muy buenos viendo, no sé si lo he dicho alguna vez) os pongo esta de aquí abajo para que entendáis el problema que tenemos entre manos:

bicicleta

Esto que tenéis aquí (sacado de este artículo) es una fotografía en blanco y negro de una bicicleta atada a un árbol. Lo único que se ha cambiado en ella es que la intensidad de cada pixel se muestra en forma de relieve (cuanta más intesidad, más altura). Pero la información es exactamente la misma. Lo que pasa es que mostrada así, no tiene ningún sentido para nosotros. Eso sí, nos ayuda a entender el problema mucho mejor, porque nos confronta con la tarea de analizar una imagen pero en un formato que nuestro sistema visual no entiende. Como dice Bruno Olshausen en este interesante vídeo (~min 63),  “you have to get yourself out of your brain to understand what the problem is” (tienes que salirte de tu cerebro para entender cuál es el problema).

La neurociencia lleva más de 100 años estudiando el sistema visual de ratas, ratones, gatos, ranas, cuervos, monos y humanos para tratar de desentrañar cada paso que lleva desde la imagen de más arriba a una bicicleta de carreras con dos bidones de agua apoyada en un árbol. Esta de aquí:

bicicleta 2

Y hemos aprendido mucho (aquí un resumen de todo lo que sabemos), pero todavía quedan cosas importantes por entender. Este mes, nosotros podemos decir que hemos contribuido con nuestro trabajo a que todo aquello que no entendemos sobre el sistema visual sea hoy un poco menos:

Statistical Wiring of Thalamic Receptive Fields Optimizes Spatial Sampling of the Retinal Image

Este que veis es el título del artículo que hemos publicado y, traducido al español-no-científico, viene a decir que las conexiones neuronentre las dos primeras estaciones en el sistema visual del gato se establecen de forma óptima. ¿Óptima cómo? Pues de tal forma que ni se pierda ni se repita información. Parece un resultado lógico ¿no? Dado lo difícil que es ver y el poco espacio que tiene el cerebro para hacerlo, no parece mala idea que la información no se pierda por el camino. Y también parece razonable que cada neurona procese un mensaje distinto (que no se repita la información). Pero hay una cosa más en el título que quizás es lo más interesante de todo: “statistical wiring”. Estas dos palabras quieren decir que estas conexiones se deciden de forma azarosa, es decir, que no existe un control preciso sobre quién conecta con quién, sino más bien una regla general para todas las neuronas. Algo así como unas normas de buen comportamiento. Y sólo con eso, el resultado es óptimo.

Creo que muchos de nosotros, cuando hablamos de lo complicado que es nuestro cerebro, no somos conscientes de hasta qué punto tenemos razón. Si lo pensáis por un momento, nuestro trabajo no sólo nos dice que el sistema visual del gato es óptimo en términos de gasto energético, espacio, etc. Nos dice también que esto se consigue de la manera más sencilla posible. Y eso quizás es lo más difícil de todo, hacer que lo (increiblemente) complicado parezca sencillo.

Y al final todo se reduce a la Segunda Regla de Orgel:

“Evolution is cleverer than you are” (la evolución es más lista que tú).

Es algo que me temo que todos tendemos a olvidar, algunos incluso deliberadamente…

Luis Martínez Otero y Manuel Molano

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