La teoría darwinista de la belleza

Hace poco más de una semana, encontré un vídeo titulado “A darwinian Theory of Beauty” (una teoría darwinista sobre la belleza). En él, el difunto profesor de filosofía (y otras muchas cosas) Denis Dutton nos habla de “la más poderosa teoría sobre la belleza que jamás hemos tenido“. Dicha teoría se deriva fácilmente de las ideas de Darwin, y solo con resolver el siguiente problema (del que ya hemos hablado antes):

¿Por qué el animal X tiene la cualidad Y?                      Porque le es útil para …

Así que ¿Por qué nos parecen bonitos El Árbol de la Vida de Gustav Klimt, Venecia, la canción Hero de Regina Spektor, el mar, Estambul, los cuadros de Edward Hopper, la poesía de Mario Benedetti, Nueva York? Porque nos es útil para…

Vale, no es tan fácil. Pero es que esto del cerebro no suele ser fácil. Lo que haré será poner el vídeo (que también es muy estético) y luego haré un resumen de la teoría del señor Dutton. Y después podemos discutir todo lo que sea necesario y lo que no.

(si no lo ves, está aquí, los subtítulos se escogen en la parte de abajo a la izquierda, cuando maximizas la pantalla)

La idea que plantea Dutton es que la apreciación de la belleza tiene su origen mucho antes de que pudiésemos incluso utilizar la palabra bonito. Radica en la ventaja evolutiva que otorga la capacidad para reconocer un trabajo bien hecho. Y pone como ejemplo las hachas de mano Achelenses, que eran herramientas que nuestros ancestros utilizaban para cortar la carne de los animales que cazaban (y que podéis ver aquí a la derecha). Como estas herramientas eran útiles, la hembra del Homo Erectus comenzó a escoger al macho que mejores herramientas fabricaba porque esto le proporcionaba una ayuda para su supervivencia y la de su descendencia. Hasta tal punto el poseer herramientas de calidad se convirtió en un “método para ligar” que dichas herramientas dejaron de ser herramientas y se convirtieron en objetos de valor, más allá de su utilidad práctica, que los machos utilizaban para demostrar su destreza, su inteligencia o su capacidad para conseguir materiales raros…

Y así, desde estas herramientas tan perfectamente talladas por nuestros ancestros hasta el gol que le hizo Maradona a Inglaterra en los cuartos de final del mundial de fútbol del 86, la belleza radica en lo virtuoso de la acción. “We find beauty in something done well” (encontramos belleza en algo bien hecho) defiende el señor Dutton.

Aunque nos quedan algunas cosas por decir acerca del tema, y además estamos seguros de que vosotros también tenéis vuestras objeciones, hoy queremos acabar con el vídeo de aquel gol de Maradona. Y no sólo por el gol, sino también por su narración, que es un gran ejemplo de “algo bien hecho”.

(si no lo ves, está aquí)

Luis Martínez Otero y Manuel Molano

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5 comentarios sobre “La teoría darwinista de la belleza

  1. Puesto que no a todos nos resultan bellas las mismas cosas, debemos suponer que no a todos nos parecen útiles o “bien hechas” esas mismas cosas? Por qué? No sé si esto se sabe.

    Gracias, un saludo

  2. Sin duda, lo del locutor es un auténtico síndorme de Stendhal… ¡jajaja! Me sumo a la pregunta de Anónimo, porque la teoría me parece un poco simplista. ¿Cómo explicar tal variedad de percepciones e ideas de la belleza? ¿Y qué hacer con la gente que arriesga su vida por contemplar lo que ellos consideran “belleza”?

  3. A priori me parece un argumento simplista, además de confuso. Pues reconocer algo “como bien hecho” es sólo una explicación subjetiva. ¿Qué esta bien hecho y qué no? El dibujo de un niño quizá no esté bien hecho -depende de quien lo diga, claro- pero lo podemos seguir reconociendo como “bien hecho”. O mejor dicho, lo percibimos como bello. El Requiem de Mozart, qué duda cabe, al menos para mi, es bello, “está bien hecho”, pero esto no implica que otra música muchísimo más sencilla esté mal hecha. Un ejemplo sería el regueaton, que personalmente no me apasiona pero reconozco que en ciertos contextos puede ser divertido o “bonito”. Es más, Pavarotti, al que nadie creo puede discutirle la sensibilidad para con el arte musical dijo: “… Quien sabe hacer música la hace, quien sabe menos la enseña, quien sabe menos todavía la organiza, y quien no sabe la critica …”. Tampoco debemos olvidar el contexto cultural, un neoyorquino puede ver belleza en la quinta avenida y no en el desierto del sahara y sin embargo una tunecina lo percibirá al revés.

    Estoy convencido de que la neurociencia desenmascarará un concepto tan ambiguo y abstracto como el de la belleza, aunque no sé cuán cerca o lejos se estará de él en estos momentos. Los neurocientíficos tienen mi total admiración y beneplácito

    … incluso por encima de Scarlett Johansson y de Stanley Kubrick, personas que de alguna forma también admiro 🙂

    Por cierto, estoy recordando que hace tiempo escribisteis sobre un jardín zen… que la distribución de las piedras proporcionaba nosequé cualidad… no recuerdo con exactitud los detalles y en la que yo no estaba muy de acuerdo???

    Resbaladizo el tema de la belleza.
    Un saludo.

    Seguid escribiendo, mola mucho este blog.

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