Crónica de una vuelta anunciada III

Esta mañana encontré esta foto perteneciente a la página “Darwin Awards” que, como sabéis, está dedicada a aquellos individuos que hacen lo más posible por desaparecer o, por lo menos, por no tener descendencia. Una de las frases que he podido leer mientras buscaba, es la siguiente:

“Las dos cosas más abundantes en el universo son el hidrógeno y la estupidez”

Aunque la foto a la que acompañaba a dicha frase fuese la que pongo aquí abajo, que es un gran argumento, la afirmación es contradictoria: los individuos que actúan con semejante falta de interés por seguir vivos, no tienen fácil pasar sus genes a la generación siguiente. Así que, al menos este tipo de estupidez absurda debería desaparecer a lo largo de la evolución.

Pero obsesionado con este nuevo pasatiempo que consiste en preguntarse por la utilidad de cualquier cualidad humana, llegué al siguiente razonamiento, al que supongo que muchos de vosotros habréis llegado de una forma o de otra alguna vez:

Dado que hay tanta mala persona en el mundo, es útil ser mala persona.

Y sí, obviamente, la ambición y la falta de escrúpulos son cualidades que la selectividad natural premia…

Parecía que esta corta entrada de viernes por la tarde iba a acabar con el mensaje pesimista “ser malo es bueno”, pero entonces me he dado cuenta de una cosa: el hecho de que la selectividad natural premie una cualidad no quiere decir que esta sea buena para el individuo. Me explico, que una especie sobreviva para toda la eternidad no nos dice nada sobre su estado de ánimo. Porque ser feliz o infeliz no tiene por qué ser relevante en términos evolutivos, siempre que no impida la reproducción de la especie.

Un ejemplo: el funcionario contratado de por vida en la oficina del paro, cuyo único trabajo supone sellar las solicitudes de aquellos que desean cobrar la ayuda del estado, que tiene un horario fijo de 8 a 15 horas y un sueldo suficiente para formar un hogar, tiene muchas probabilidades de pasar sus genes a la siguiente generación y la selectividad natural le premiará por ello. ¿Pero será más feliz de lo que lo fue Jimi Hendrix, muerto a los 27 años de edad por una mezcla de pastillas para dormir y alcohol?

Otro ejemplo: el macho de la mantis religiosa sufre, en ocasiones, un destino realmente cruel (no se me ocurre otro peor). Tras practicar el sexo con su efímera pareja, ésta lo devora (empezando por la cabeza) para conseguir un aporte de energía extra. Pero él sigue quedando con la chica y haciéndolo todo lo mejor que puede porque eso es lo mejor para que la especie sobreviva.

Podría ser, por tanto, que el político levantino de camisa rosa y pelo engominado que recibe 100.000 euros por hacer la vista gorda en la construcción de una urbanización enfrente de una de las pocas playas vírgenes que quedan en la costa mediterránea gane mucho dinero y tenga muchos hijos que hereden de él su ambición y su falta de escrúpulos, pero nunca sea feliz…

…podría ser.

Luis M. Martínez Otero y Manuel Molano Mazón

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