Todo lo que teníamos que decir

Todo lo que teníamos que decir ya ha sido dicho. Lo hemos dicho nosotros o algún otro tipo con las mismas ganas de saber la verdad y las mismas ganas de contársela a los demás. Ya no queda ninguna mentira sin destapar, ningún misterio sin solución. Entendemos el cerebro de principio a fin: ¿Cómo llegó a ser lo que es? ¿Sólo gracias a la selectividad natural? ¿Podría Lamarck tener razón en algún sentido? ¿Cómo procesa la información que recibe del mundo? ¿Trabajan las neuronas en conjunto? ¿Cada una por su cuenta? ¿Existe un área en el cerebro donde “se procese” la conciencia? ¿Sirve para algo esta conciencia? ¿Existe la inteligencia colectiva? ¿Quién o qué somos? ¿Qué es la realidad?

Ya no nos quedan preguntas que hacernos. Bueno sí, una sola: ¿qué hacemos ahora? Controlamos el cerebro. Y controlando el cerebro podemos controlar lo que sentimos a nuestro antojo. No tenemos necesidad de desear nada porque lo conseguimos en el momento. Ya nadie lucha por ser rico, premio nobel o estrella del rock  porque todos podemos serlo (ser todo) solo con estimular las neuronas adecuadas.

Ya nadie sufre. “Eso es bueno”, diremos todos sin parpadear. Pero si no sufres, no tienes necesidad de cambiar. Es la forma en la que nos diseñó la naturaleza, siguiendo la máxima “si algo funciona no lo cambies”. Pero nosotros hemos engañado a la naturaleza, las cosas no funcionan pero no las cambiamos porque nos basta con apretar un botón para ser felices.

Hasta tal punto controlamos nuestra cabeza que, en realidad, lo mejor que podemos hacer es morir placenteramente, ya que lo contrario supondría la búsqueda de alimentos y los alimentos no sobran en el mundo en el que hemos acabado viviendo.

Así que sí, al final, el hombre acabará consigo mismo. Pero lo hará con una sonrisa en la cara.

 Luis M. Martínez Otero y Manuel Molano Mazón

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6 comentarios sobre “Todo lo que teníamos que decir

  1. Qué grandes cuestiones lleva esta entrada.

    Mucha gente pagaría, e incluso otra mataría, por saber las respuestas a las mismas. Sería espectacular conocer el funcionamiento del cerebro con exactitud y también cómo ha llegado a su actual estado.

    Pero cuando decís: ” … Controlando el cerebro, podemos controlar lo que sentimos a nuestro antojo … Ya nadie lucha por ser rico, premio nobel o estrella del rock porque todos podemos serlo (ser todo) solo con estimular las neuronas adecuadas …”, me planteo que el sujeto al que se le estimulan esas neuronas concretas estará totalmente convencido de lo que percibe, de lo que siente, de la misma manera que yo estoy convencido del tacto de las teclas del portátil al escribir estas líneas.

    Ergo, cabe la posibilidad de que alguien me esté estimulando ciertas neuronas … y lo que siento y percibo no sea verdad. Sé que suena bastante freaky, pero no deja de ser un razonamiento lógico.

    Desmontad algún mito más, que la comunidad científica nos siga iluminando.

  2. Hola!

    La verdad es que llevo un par de días pensando en esta entrada. Me costó captarla. Y luego no sabía qué pensar. Finalmente he llegado a una conclusión, y creo que en el supuesto de que realmente se pudiese controlar totalmente el cerebro (suponer es gratis), sí, efectivamente, nos sería más rentable quedarnos conectad@s a un simulador de vida feliz y perfecta, no sé si hasta la muerte. Esta perspectiva me pareció, sin embargo, tan triste, que rápidamente encontré un argumento para mantenerla donde está: en el maravilloso mundo de las hipótesis.

    Y es que me parece que el supuesto que se nos ha presentado es poco realizable. Creo que por mucho que se comprenda el cerebro, incluso el pensamiento humano más profundo y su base estructural, el CONTROL nunca llegará a ese punto. Me parece más probable que la técnica halle un límite físico insalvable. Algo así como lo que pasa con el principio de incertidumbre de Heisenberg. Al fin y al cabo, las neuronas son muy pequeñitas, y cada una de nuestras 10x10e12 neuronitas posee miles de conexiones individuales y por lo que parece relativamente independientes. También habría que considerar si algún día conseguiremos salvar el principio de incompletitud de Gödel, por el cual un sistema no puede emplearse para demostrarse a sí mismo, sino que es necesario un sistema más complejo. De momento, sabemos tan poco que no pasa nada, pero el principio estar está ahí 🙂

    Menos mal que por ahora aún hay trabajo investigando el cerebro para avanzar hacia ese oscuro e hipotético futuro de bacanal sensualidad virtual, no? 🙂

    Al principio no me gustó esta entrada, debo admitirlo, pero al final me hizo pensar. Seguid así, y por favor si puede ser seguid con el lavado de conciencias JAJA Ánimo!

    E

    1. Me gusta la idea que planteas con el principio de incertidumbre de Heisenberg y el de incompletitud de Godel. Pero piensa que quizás no sea necesario que comprendamos el cerebro para que podamos manipularlo. Se me ocurre un ejemplo: como ya hemos contado alguna vez, los magos consiguen controlar nuestra atención hasta tal punto que pueden hacer lo que quieran sin que nosotros lo advirtamos. Y ellos no conocen el principio neurológico en el que se basan sus maniobras de distracción. Pero funcionan.
      Salvando las distancias, en la actualidad se utilizan en medicina muchos fármacos y/o técnicas que no se sabe bien cómo actúan. Sólo se sabe que funcionan.
      Así que, aunque sólo sea mediante el ensayo error, es posible que algún día podamos controlar lo que una persona siente… o no…

      Gracias por el comentario.

      thegraymatters

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