Supuestos

Supongamos que vives en el octavo piso de un edificio de esos antiguos en los que la gravedad parece más grave y cada peldaño de las interminables escaleras cuesta un mundo. No hay ascensor. Pero un agradable día de primavera durante una junta de vecinos, alguien (¿un ángel?) plantea la idea de instalar uno. De pronto tus lumbares no se quejan tanto y casi puedes oír los suspiros de alivio de tus visitas.

Y aquí llega el problema:

No todo el mundo está de acuerdo con tamaña obra. Los motivos para negarse a realizarla varían: los hay que viven en la primera planta, los hay que quieren hacer ejercicio subiendo a pie, los hay que no tienen dinero…

La primera solución que se nos ocurre a todos es que, los que quieran poner el ascensor, que lo paguen. Pero esta solución da lugar a lo que se llama El problema del Polizonte: supongamos que el señor del séptimo, el que va doc Lector de pensamientossiempre repeinado para atrás y lleva camisas rosas (¿tendrá sólo camisas rosas? ¿Metería en la lavadora el mantel rojo con todas las camisas blancas?), supongamos que este señor se apercibe de que, aunque él no pague, podrá utilizar igualmente el ascensor cuando los demás vecinos lo hayan pagado… Todos estaremos de acuerdo en que no es justo que este señor no pague.

Ahora supongamos que, en la misma junta de vecinos de aquella tarde de primavera (la junta de vecinos más emocionante de la historia), otro vecino propone instalar para toda la comunidad el GolTV, un canal cuyo nombre no deja demasiadas dudas sobre su contenido. Pero tú odias el fútbol, lo odias con todas tus fuerzas desde que aquella portería cayera sobre tu cabeza cuando contabas con tan solo 10 años de edad. Así que, cuando oyes la frase “Votos en contra”, levantas la mano, levantas el brazo y te levantas tú, gritando “¡Yo!”. Pero entonces observas con estupefacción que el silencio se ha apoderado de la sala y que todos los demás vecinos te miran con incredulidad. Todos ellos adoran el fútbol y de hecho ya están surgiendo ideas colaterales, como formar un equipo de fútbol sala (que el grande cansa mucho) que represente al edificio con el simpático nombre “Los del 23”…  Todos estaremos de acuerdo en que no es justo que tú tengas que pagar para ver fútbol.

No hay solución para este problema. Que la hubiese querría decir que no existe discusión posible entre los capitalistas liberales y los socialistas. Digamos que las soluciones son múltiples dependiendo de a qué le demos más importancia. Simplificando mucho (muchísimo), los socialistas no nos obligarían a pagar el fútbol, permitiendo al señor del séptimo aprovecharse del ascensor sin pagar y los liberales harían pagar a todo el mundo.

Y es en este punto cuando llegamos los neurocientíficos para “solucionarlo” todo. En un artículo publicado por un grupo de Pasadena en California, se propone que el verdadero problema es que no nos podemos fiar los unos de los otros. Es decir, que si supiésemos el verdadero valor que cada uno le damos al bien común a instalar (el ascensor o el canal de fútbol), podríamos ajustar lo que tiene que pagar cada uno. En los ejemplos, el señor repeinado pagaría y tú no (él en realidad quería el ascensor y tú de verdad odiabas el fútbol).

Así que, lo que proponen estos tipos es utilizar técnicas de imagen como el fMRI para saber lo que están pensando “los vecinos”. Neurally Informed Mechanisms (NIMs) lo llaman…

No voy a entrar en cómo lo hacen, ni en si son capaces de hacerlo o no, porque lo que es seguro es que algo así se podrá hacer tarde o temprano (ya lo apuntó el Doctor Emmett Brown, el de la imagen, con su lector de pensamientos). La verdadera pregunta es: ¿en qué están pensando estos tipos? O no… Cada uno tendrá su opinión. Me temo que yo he dejado entrever la mía, pero me gustaría saber lo que los demás (o sea tú) piensan… Si no, lo diremos todo nosotros en alguna otra entrada…

Luis M. Martínez Otero y Manuel Molano Mazón

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4 comentarios sobre “Supuestos

  1. La decisión ha de tomarla una persona o a lo sumo dos. Aquella o aquellas que (demostradamente) sean más intelectuales, más inteligentes y no por el conjunto de la comunidad que probablemente se deje llevar más por el “corazón” que por el “intelecto”.

    La democracia no es perfecta.
    Estos ejemplos ponen de manifiesto sus “pequeñas” aristas.

    Lo del lector del pensamiento en lugar de en una comunidad de energúmenos vecinos me lo imagino en un juicio descifrando el pensamiento del acusado.

    O en el congreso de los diputados …

  2. Al hilo de lo que comentaba José antonio me gustaría comentar que no me parece improbable que aquellas dos personas a las que el resto de vecinos considerasen más adecuadas para dirimir esta cuestión (los dos más racionales, inteligentes o intelectuales) mantuviesen puntos opuestos. Incluso podrían estar de acuerdo y en contra de todos los demás (podrían ser los dos únicos ricos o los dos únicos a los que le guste el futbol).

    Tampoco me parece trivial decidir quienes van a ser los que tomen la decisión. Probablemente, la gente partidaria de que Gandhi tomase las decisiones importantes para la comunidad nunca estarían de acuerdo en que Churchill lo hiciese, y viceversa…

    Lo de la máquina que lee los pensamientos que en mayor o menor medida podría ser una realidad algún día (¿o no?), nos llevará ineludiblemnte a un nuevo conflicto; ¿cuánta libertad individual estamos dispuestos a ceder al estado (o a quien corresponda) a cambio de tener la sensación de vivir en una sociedad más segura? Me sorprendería que los miembros de la comunidad se pusiesen facilmente de acuerdo en esta cuestión.

  3. Pingback: La gente es idiota

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