Un juego

Hace tiempo, hablamos de lo responsables que somos de hacer las cosas que hacemos, es decir, de si somos o no somos nosotros los que decidimos lo que vamos a hacer. Y, como es habitual, no dimos una respuesta concreta, aunque sí algunas pistas para que cada uno sacase sus conclusiones…

Keira-Knightley-Recortada

Hoy tampoco vamos a dar respuestas. De hecho haremos más preguntas, que siempre es más fácil. Y es que hace poco, leí en un libro un razonamiento acerca de este tema que, si bien no da ninguna respuesta, si plantea de forma clara (o por lo menos diferente) la pregunta. La autora del razonamiento es Briony, una niña de 13 años con mucho tiempo libre (como nosotros…) que se pregunta quién o qué mueve su dedo. ¿Es ella? ¿Es el propio dedo el que decide moverse? A saber…

Ahí va:

“Levantó una mano, flexionó los dedos y se preguntó, como había hecho algunas veces, cómo era posible que aquella cosa, aquella maquinaria de asir, aquella araña carnosa en el extremo del brazo, pudiese ser suya y estuviese totalmente a sus órdenes. ¿O poseía una pequeña vida propia? Dobló el dedo y lo enderezo. El misterio estaba en el instante antes de que se moviese, en la línea divisoria entre el no moverse y moverse, cuando su intención surtía efecto. Si pudiera estar en la cima, pensó, quizás descubriese el secreto de sí misma, aquella parte de sí misma que mandaba en realidad. Acercó el índice a la cara y lo miró fijamente, instándolo a moverse. Permaneció inmóvil porque ella estaba simulando, no lo hacía del todo en serio, y porque querer que se moviese, o estar a punto de moverlo, no era lo mismo que moverlo de verdad. Y cuando por fin dobló el dedo, pareció que la acción empezaba en el propio dedo, no en alguna parte de la mente de Briony. ¿Cuándo sabía el dedo que se movía? ¿Cuándo ella sabía que lo movía? No podía sorprenderse en plena acción. Era una cosa o la otra. No había puntadas, no había costura, y sin embargo ella sabía que, detrás del terso tejido ininterrumpido, era el yo real -¿era su alma?- el que tomaba la decisión de cesar el simulacro e impartir la orden definitiva.”

El libro es Expiación, de Ian McEwan, y en él está basada la película que lleva ese mismo nombre (creo que no es coincidencia), una de cuyas protagonistas es Keira knightley. De ahí la foto que decora la entrada.

Prueben ustedes ahora a mover el dedo sin querer moverlo.

Luis M. Martínez Otero y Manuel Molano Mazón

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2 comentarios sobre “Un juego

  1. Sería definitivamente revelador aplicar tecnicas de imagen cerebral durante esta sencilla pero fascinante tarea de conflicto “mover el dedo – pensar en mover el dedo” para revelar, quiza, que neurobiologia subyace a nuestra intencion y cual a nuestras acciones consumadas. ¿El alma representada en el cerebro? Enhorabuena por el blog!

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